lunes, 11 de febrero de 2008

track 13: ZEBRASKIN (Dredg)






El sol estaba pegando mas fuerte que nunca.
En este momento no tenía idea de nada, solo de que el día estaba soleado y seco, no sabía separar eventos los unos de los otros, no sabía medir el tiempo con suficiente precisión, podrían haber pasado dos años y aun sentiría de la misma manera el recuerdo encima, como una piedra en el zapato, una etiqueta demasiado grande bajo la camisa, la sensación de querer estornudar y no poder.
Que cantidad de pelotudeces estoy hablando.
El sol me hacia pensar en ella, siempre pasaba, los veranos (¿era plural? No recordaba) la sensación de libertad de los meses de calor me hacía recordarla. Su piel tenía un tono de sol, morena, pero con un dorado invisible. Los recuerdos eran dolorosos considerando que llevaba tanto tiempo intentando reprimirlos a punta de emociones que anularan el pensamiento. Su piel era como de cebra, pero invisible, oscura y clara, luminosa, café y dorada con ojos de luna.
Mierda, necesitaba distraerme.
Me bajé a duras penas de la hamaca que había colgado en el escaso espacio de la terraza de mi departamento para ir a comprar un paquete de cigarros y, ojala, un par de cervezas. Toda la ciudad parecía lenta mientras caminaba hacia el primer local abierto que encontrara, todos en el letargo causado por la fuerza del sol, lo seco del aire. Todos parecían estar obsesionados con sus propios problemas, caminaban mirando a ningún lado, o mirando adentro tal vez, quien sabe, cada uno en si mismo mientras yo intentaba no estar en mi mismo sin mucho éxito.
Noté que había dejado mi teléfono en el departamento, solía no traerme buenas noticias últimamente y estaba acostumbrándome a olvidarlo. Si no recibía una llamada de mi algo distorsionada ex recibía una de Andrea, de Antonio, Pablo, buscaban algo que hacer o me llamaban para incluirme en sus planes, algo en que no estaba muy interesado últimamente. Mi última gran emoción había sido correr el auto de Andrea, a partir de esa noche empecé a, no se, a dormir quizás, soñar tal vez.
Me había rendido a pensar en ella y, honestamente, me quitaba la energía, debía agradecer mis actuales vacaciones, porque este estado en otro momento del año podría haberme costado mi trabajo. Últimamente pasaba gran parte del día tirado, sin hacer nada, pensando en ella, recordando cosas que dolía recordar, bajando el tempo a las canciones que escuchaba, lo que explicaba que Zebraskin fuera la única canción de Dredg que escuchara.
Al volver a mi departamento 2 cigarros y media cerveza mas tarde encontré mi teléfono avisándome de unas 13 llamadas perdidas, 2 de ellas de Andrea, no alcancé a volver a dejarlo en la mesa antes de que sonara de nuevo, Antonio llamaba por doceava vez:
- ¿por qué no contestabas?
- No estaba.
- Hoy salimos, en un par de horas, te paso a buscar.
- No estoy de animo.
- Nunca estas de animo, así que vamos a hacerte el animo.
- No se…
- Yo se, paso mas rato, chau.
Me quede con el teléfono en la mano, con la música cambiando de track y con unos pocos segundos de silencio que resaltaron los sonidos del departamento, gotas de agua en el lavaplatos, madera que crujía con el peso en los estantes, incluso los ruidos de la calle subieron de volumen. Las puertas entreabiertas de la terraza de abrieron con un viento fresco que me pegó en la cara, sacándome del “sueño” por un instante.
Salir esta noche podía no ser tan malo.



lunes, 17 de diciembre de 2007

Track 12: JUST LIKE YOU IMAGINED (Nine Inch Nails)


Antonio ya dormía en su casa y yo seguía en el auto de Andrea dando vueltas sin muchas ganas de llegar a mi cama, pensaba en esperar a que ella saliera del trabajo para ir a buscarla, en verdad pensaba en muchas posibilidades. La ciudad estaba vacía, era un día de semana así que solo unos pocos podían celebrar, las calles estaban libres.
Calles libres mas alcohol en el organismo son una invitación. Y la canción que recién empezaba era la tarjeta perfecta para invitarme a romper piñatas.
Aceleré un poco, tanteando el terreno, sintiendo como se comportaba el auto, un pequeño automático bastante ahorrativo, de esos autos que parecen huevos de pascua a medio pintar. Ya habiéndome acostumbrado aceleré mas, dirigiéndome a los túneles que conectan subterráneamente diferentes zonas de la ciudad. Ahí no pasaba nada, nadie, y podía llevar a los limites a este huevo sin descascarar. Pasaban segundos como horas, se veía todo pasar lento pese a la velocidad con la que iba, podía prever lo que venía y esquivar pequeños obstáculos, como basura, que quedaban regados por ahí.
Diría que pensaba en mil cosas mientras manejaba, pero en verdad estaba bastante concentrado. Si me había zafado de los gigantes pecosos no era mi intención matarme en esta. En ese momento no era al menos. Las luces del techo de los túneles teñían todo el espacio de un naranjo con tono de advertencia, eran un camino de luz a ningún lado. El viento artificial de los ventiladores y la velocidad me mantenían despierto, atento, con ganas de presionar el pedal un poco mas de tiempo, un poco mas a fondo. Si aparecía algún auto lo retaba a una carrera de la cual solo yo estaba enterado.
Imaginarán que ganaba cada vez.
Mientras corría en los parlantes del auto el poderosísimo tema de Reznor mis pensamientos empezaban a volver a mi cabeza, de a poco, de a uno, con nombres y apellidos. Bueno, era de esperarse que la calma no me durara demasiado. Aceleraba a ratos para olvidarme un poco de todo, todo lo que volvía a mi al bajar de nuevo la velocidad. Recordaba y aceleraba, sintiendo como el viento artificial se llevaba brevemente todo. Me acordaba de la palabra código “sigma”, que sonaba en los parlantes del metro cuando alguien se lanzaba a los rieles, por esos túneles también corre viento artificial. No me sentía como un suicida al borde del andén, sino como el tren que no puede evitar los acontecimientos que vienen, sigue adelante, frena si puede, si no, sigma.
Salí de los túneles antes de que la velocidad me entusiasmara demasiado, olvidando por un segundo que ya no me encontraba bajo tierra y tenía que moderar la velocidad. Las luces de la ciudad no eran naranjas, aquí las advertencias estaban pintadas de blanco, faroles, ventanas, publicidad, en la cima de un cerro luces que iluminaban a una virgen celosa de los acontecimientos bajo sus pies. Decidí volver hacia donde trabajaba Andrea, para devolverle el auto y retirarme. Tomé un camino largo queriendo mirar un rato mas la calle a través de la ventana
Y con un equipo de sonido decente.
Ya acercándome al lugar me las había arreglado de sacar algunos pensamientos de mi cabeza, iba en un estado un tanto dormido, sin reaccionar demasiado a lo que estaba pensando, creía que si permanecía así el tiempo suficiente podía olvidarme de todo. Al acercarme aún mas noté una silueta en la esquina del café donde trabajaba Andrea, parada al borde de la vereda con un pie levantado y la pierna extendida hacia la calle, en posición de un sigma que, considerando que la distancia entre la vereda y la calle es de unos 10cms. no tenía mucho sentido. Al acercarme aún mas pude notar sus rasgos, observar su rostro, hasta escuchar el sonido de su cigarrillo cuando la canción había acabado.
- ¿Qué haces acá parada? – le pregunté sin entender mucho
- Supuse que pasarías a buscarme – respondió Andrea sonriéndome con una mueca de superioridad que, al menos la mitad de las veces, me molestaba un poco, hoy me agradaba.
- ¿Por qué supusiste eso? - volví a preguntar
- No se, supongo que te conozco.


viernes, 14 de diciembre de 2007

track 11: I'M SHIPPING UP TO BOSTON (Dropkick Murphys)



La escenita hollywoodense.
El Geo, un pub irlandés al que íbamos a veces (cuando el dinero lo permitía) estaba repleto de pelirrojos pecosos que nos miraban como si nuestras cabezas fueran pelotas de rugby sin estrenar.
Y nadie quiere que vean su cabeza como pelota de rugby.
En un circulo de gigantes haciendo sonar los nudillos no nos notábamos yo y Antonio en el medio, parados con actitud desafiante, mandíbulas apretadas, cruzados de brazos, expresiones de confianza en el rostro, en resumen, cagados de miedo. Debo decir que lo ocultábamos bastante bien, aun teníamos nuestras cervezas en la mano y yo ocasionalmente bebía un sorbo pretendiendo que esto no me estaba importando demasiado. Eventualmente, al ver que el circulo no iba a desarmarse oculté mi boca con el vaso para hablar con Antonio.
- ¿te acuerdas cuando hablamos de los lugares donde no convenía buscarse problemas? –pregunté.
- Si – me respondió
- ¿no recordaste este lugar en la lista, de casualidad?
- Ehm…
- Olvidalo.
En el local la gente se mantenía en silencio, mientras nosotros nos veíamos atrapados en una especie de cuadrilátero de carne y hueso del cual no teníamos mucha oportunidad de escapar. Antonio había escogido como blanco esta noche a una simpática camarera del bar, que estaba convenientemente involucrada con uno de los gigantones pelirrojos que ahora nos rodeaban. El resto supongo que pueden adivinarlo. El afectado en cuestión compartía el circulo con nosotros, hacía sonar los huesos de su cuello mientras se subía las mangas y le decía a quien resultó ser su hermana “tu ándate, hablamos después”.
No me extrañaría ver a los Dropkick Murphys tocando celtic punk en algún rincón del lugar, de hecho, no me extrañaría verlos en el circulo de gigantes que nos rodea. Los irlandeses son cosa seria, dicen, yo personalmente, no había tenido la experiencia antes. Debo admitir que guitarras, baterías y gaitas daban un buen tono, adecuado, tan adecuado como el tono morado de mis futuros hematomas.
- Miren, no hay por que alterarse, podemos resolver esto civilizadamente, no? – empecé a decir no muy convencido de mis palabras.
- Si tu hermana ni siquiera me gusta, me estaba divirtiendo nada mas – agregó Antonio. En algún lugar de su cabeza ese comentario sonaba bien.
Lo único que se me ocurrió hacer al ver al gigante lanzarse hacia nosotros fue lanzarle el contenido de mi vaso de cerveza, seguido del vaso mismo. Después empujé a Antonio sobre uno de los otros gigantes, causando que se desequilibrara y pudiéramos salir del circulo, suponiendo que Antonio me lo perdonaría después. Nos echamos a correr como tantas veces habíamos hecho antes, sin tomar en consideración lo mucho que podían correr estos tipos, podíamos mantener una distancia, pero nos iban a atajar eventualmente.
Corrimos por varios minutos (cuesta abajo, gracias a dios) hasta llegar a un pequeño café medio oculto entre bares y restoranes, uno de esos locales con un pequeño escenario donde algún estudiante de teatro o mal imitador de Silvio Rodríguez puede subirse a entretener un poco al público con alguna interpretación ya conocida por todos. Mas aún en el caso de Silvio Rodríguez, el pobre hombre es un cliché en si mismo. Si estuviera muerto, se revolcaría en su tumba cada vez que alguien canta “Ojalá” en una fogata.
Entré tirando a Antonio de la chaqueta y caminé directo hacia el mostrador, donde nos recibió una camarera.
- ¿Lucas?
- Andrea, ¿nos prestarías tu auto? Te explico después.
- ¿cuántos?
- Unos 10 creo yo, son rápidos.
- Toma las llaves, lo paso a buscar mañana
Apenas alcancé a agradecer y salí del lugar arrastrando a Antonio, quien ya estaba empezando a buscarse problemas con otra hermana de alguien. Veía desde la salida el auto de Andrea, hasta que un personaje que cubría la puerta del local entera con su humanidad tapó mi visión. Tuve que tomar una decisión rápida, y bueno, la patada en la entrepierna puede no haber sido la mejor decisión, pero al menos fue efectiva, nos compró a mi y a Antonio suficiente tiempo para llegar al auto de Andrea.
Unos minutos mas tarde, conduciendo mientras Antonio dormía en los asientos traseros me encontraba cansado, de todo, no de hoy, no de esta noche, sino del ritmo de las cosas, la tonadita celtic punk que había tenido pegada en mi cabeza ya no estaba ahí, no imaginaba canciones, era todo silencioso.
Sonaba el celular y no era quien quería que me llamara.


martes, 13 de noviembre de 2007

track 10: CAMARA LENTA (Javiera Mena)


- te gusta meterte en problemas a ti. ¿te has dado cuenta?
Que comentario mas propio de Andrea.
- me di cuenta la primera vez que me lo dijiste – respondí en un tono algo cortante, y algo distraído.
Era común que en mis caminatas con Andrea me perdiera un poco sin razón aparente, lo cual no era mayor problema, ella siempre sabia sacudirme (a veces literalmente) de vuelta a la conversación. Sin embargo, hoy se preocupaba menos de ello, creo que ninguno de los dos estaba muy preocupado de nada en particular, o tal vez eran tantas las cosas de que preocuparse que simplemente dejaba de valer la pena. El domingo corría en cámara lenta mientras compartíamos los audífonos en una canción que hablaba precisamente de eso, con un teclado de radio AM sonando al fondo de voces perfectas para un domingo en la tarde.
Grande Javiera Mena, una lastima la nueva moda del lesbianismo. Aunque a ella le creo que la cosa es en serio. Lo cual también podría considerar una lástima, creo que se entiende a lo que voy.
Andrea me miraba con una cara de desaprobación a la que ya estaba acostumbrado, no porque me desaprobara siempre, sino porque esa mirada se confundía con su mirada de preocupación, y bueno, ella siempre se preocupaba por mi. Andrea era mi conciencia a ratos, un cable a tierra, y aunque no lo fuera, con que se preocupara me bastaba para sentirme un poco mas pegado al suelo.
Buscamos cualquier lugar que estuviera abierto para tomar algo, un café, una cerveza, cualquier cosa, los Domingos son una mierda en ese sentido, en muchos sentidos. Nos sentamos a hablar de nada, no pudiendo hacerlo, sabiendo que temas mas complicados saldrían a la luz, pero con la intención de no enrollarnos demasiado, bastaba con disfrutar el momento, o al menos no pasarla mal en este.
Mirábamos por la ventana de un café a familias que tomaban un helado, a uno que otro ciclista disfrutando la tarde, artistas callejeros, gente descansando. Era el momento de la semana para ver a gente que, de cierta manera, no iba a ninguna parte, y era placentero darse cuenta de que no éramos los únicos (al menos estos dos días) que no iban a ningún lado.
Andrea me miraba con la cabeza medio cubierta por su mano, con la que tomaba la pajilla del vaso de coca-cola que había pedido, solo le veía los ojos y el pelo cubriendo el resto. Tenía bonitos ojos, llenos de… de algo, que se yo, cualquier cosa sonaría a cliché. Esas frasecitas que casi parecen envasadas y que la gente evita usar constantemente.
Pero al mismo tiempo, los clichés existen por algo, creo yo. Digamos que sus ojos estaban llenos de clichés.
Pasaron horas asi, a veces hablábamos mucho a veces casi nada, a veces nada en absoluto. Después del café caminamos hasta Esperanto, una tienda de música perdida por ahí, con la gracia de tener buenos discos a buenos precios, tanto nuevos como viejos. Ahí siempre podíamos perder el tiempo. Esperanto tenía la gracia de abrir los domingos cuando se le antojaba a su dueño, en ese sentido la tienda podría haberse llamado Oasis, pero hubiera sido un insulto considerando la alusión musical y la buena música que se vendía. Mientras revisábamos las repisas Andrea decidió volver al tema anterior mientras sostenía dos discos de Bjork en sus manos. No soporto a Bjork.
- para que volver al tema? – pregunté después del primer comentario de Andrea.
- No se – respondió – me preocupa que estés bien.
- Lo se, pero no te preocupes tanto, no es la primera vez que me pasa y no va a ser la última tampoco
- Bueno, cambiando un poco el tema, aunque no tanto, te ha llamado algún amigo mas de tu ex pidiéndote explicaciones?
- No, después de su gracia el otro día debe haber perdido algo de credibilidad.
Andrea rió levemente, no le tenía ningún aprecio a mi ex, sino todo lo contrario. Mi relación con ella nos había separado mucho y ahora estábamos tan bien como siempre.
- que disco estás buscando? – me preguntó después de un rato de silencio.
- Cualquier cosa menos Bjork – respondí riendo.

lunes, 1 de octubre de 2007

track 9: TONY THE BEAT (The Sounds)


- Pop disfrazado de rock, buena manera de empezar la noche.
Esa noche era como para limitarme a comentarios de ese tipo, beber mucho, hablar poco y quedarme tranquilo. Me recuperaba aun del zigzag sentimental por el que pasaba. Mis amigos, por supuesto, me recordaron que odio ponerme sentimental y me arrastraron hacia una pequeña “reunión social”, por decirle de alguna manera.
La casa a la que llegábamos quedaba lejos, tanto que veía la mayor parte de santiago desde ahí. No conocía a mucha gente, pero esta noche no me importaba demasiado. Eran pocos los asistentes que conocía, y la intención de mis amigos de volver a casa acompañados se vio frustrada al no encontrar a nadie que cayera en su categoría.
- ¿Ella no? – preguntaba a veces algo distraído, sin fijarme en verdad de a quien apuntaba.
- Ehm… no. No sin una bolsa de papel sobre la cabeza, mi cabeza - me respondió Antonio aguantando la risa
Mis amigos, siempre tan respetuosos.
La noche avanzaba bastante rápido, lo cual en general pasa cuando uno la pasa bien, en este caso, yo diría que la cantidad de alcohol que tenía en mi sistema hacía que la tierra girara mas rápido. A ratos reía, a ratos me apartaba Psicológicamente, a ratos disfrutaba, a ratos dormitaba en sueño etílico. La gente pasaba cerca mío, a veces lento, a veces muy rápido , hablaban, reían, bailaban, yo me limitaba a observar. Miraba las conversaciones, el ambiente, y las mujeres antes descartadas por mis amigos, que se veían mejor después de cada vaso de ron.
- ¿qué bien se ve la que esta sentada en el sofá, no creen? – dije
2 minutos después me encontraba tirado en la cama del dueño de casa. Pablo me lanzaba una almohada a la cara.
- Lo hago por tu bien, créeme, tienes alterada la percepción.
- Te dejé un basurero al lado de la cama, por si acaso – agrego Antonio desde la puerta. Descansa un poco.
- Gracias – alcance a murmurar antes de caer dormido.
No desperté hasta un buen rato después, pensando al comienzo que las cosas estaban mas calmadas, pero descubriendo lo contrario, se escuchaba muchísima mas gente en el lugar, es mas, había mas gente en donde yo me encontraba, una silueta miraba en mi dirección profundamente.
Difícil no notarla considerando que estaba sentada sobre mi.
- ¿ como te sientes? – me preguntó una voz familiar que hubiera querido no escuchar de nuevo.
- ¿tu? ¿Que mierda haces aquí? – respondí medio dormido.
- Vine a ver a mis amigos
- No son tus amigos, son mis amigos, algunos al menos, y los demás no hay manera de que los conozcas.
- Que actitud la tuya – me respondió - ¿por qué andas tan malhumorado?
- Bueno, para empezar, tener a una persona sentada sobre mi no es lo mas cómodo considerando que estoy a punto de devolver el almuerzo.
- Antes te gustaba que me sentara así.
- En segundo lugar – continué, ignorándola – no tengo ganas de verte, de saber de ti, de oírte, o de que te aparezcas cuando quiero relajarme. Me metiste en mas de algún problema y lo sabes, no me hace gracia que te aparezcas por aca.
El ultimo comentario pareció llegarle, que era, debo confesar, lo que estaba esperando que pasara. Se bajó de mi y se detuvo parada al borde de la cama, seria, con una cara que antes podría haberme molestado o preocupado mucho, fue un placer darme cuenta de que no me importaba.
- Pensé que tal vez si hablábamos… - empezó a decir ella.
- Tal vez nada, Es como si no te dieras cuenta. No quiero saber mas de ti, en bastantes líos me metiste ya.
- Mira Lucas, yo…
- Mejor retírate
Finalmente parecía decidirse por la retirada, y pensaba, sobre todo, en que podría recuperarme de mi borrachera, también en mi mente se encontraba otra persona, esa persona, a quien, en ese segundo, extrañaba mas que nunca. Me seguía mirando en esta pieza oscura mientras yo devolvía la mirada con un aire de desagrado. Se quedo de nuevo parada un momento, sin moverse siquiera, con ese mismo rostro de antes, para luego sonreír abruptamente, acercarse a mi y darme un beso antes que pudiera evitarlo.
- Ya recapacitarás – me dijo con esa misma sonrisa antes de retirarse.
Al recuperarme y volver afuera ella no estaba, mis amigos, se acercaban a mi y me hacían preguntas, y yo, bueno, aun un poco descolocado respondía a medias.
Que mina mas loca. Si hubiera una mejor manera de decirlo, bueno, lo diría igual.



martes, 25 de septiembre de 2007

track 8: LOS MOMENTOS (Blops)



- No podemos cambiar al mundo.
La música en nuestra fuente de sodas habitual estaba lo suficientemente alta como para escuchar la voz de Gatti. Al mismo tiempo, admirábamos los retratos de Jara y Neruda, junto a viejas fotos de los años setenta. Frente a los restos de 2 apurados almuerzos sentí que mis ultimas palabras habían resonado demasiado. El silencio de mi amigo colaboraba a mi sospecha.
- tienes razón, no podemos – respondió, mirando la espuma de la cerveza en su vaso – parece que los tiempos de cambiar el mundo ya pasaron.
- No se si pasaron, pero no basta el deseo de unos pocos. Estamos en un momento de la historia en que podría estallar una bomba en la esquina y el llanto seria poco, mas serian los “waaaaaaaaaa” e incluso, la risa de algún insensible. A nadie le importa la mierda en la que el mundo esta hundido.
- Te pones denso a veces, sabes?
- Si, si se…
- Salud por el fin del mundo – dijo sonriendo, queriendo alivianar la situación.
- Salud. – respondí después de un largo silencio, con una sonrisa a medias y sin siquiera levantar el vaso.
Sería inútil entrar en detalles sobre el resto de la conversación, ya que las palabras no eran tan importantes. Prestábamos mas atención a la gente que pasaba por la ventana, al ruido de los automóviles, al sonido de los celulares, a los gritos de los colegiales, a todos esos elementos molestos de la vida santiaguina. A la música del mundo que estaba por acabarse. Lo que veíamos a nuestro alrededor era lo importante. El viento contaminado hacía bailar las banderas latinoamericanas en el techo del establecimiento. Todo parecía teñirse de gris a ratos. O tal vez éramos nosotros, o tal vez era la cerveza.
Probablemente era la cerveza.
- nuestros nietos la van a pasar mal – dije, sin saber si quería o no retomar el tema. Pero queriendo tener la última palabra.
- Los mayas creían que el fin del mundo iba a llegar en el año 2012 ¿sabes? pero eso en verdad es un error de interpretación. Lo que va a pasar es el fin del mundo como lo conocemos, lo que puede significar que tal vez la raza humana tome conciencia, por tarde que sea, y el mundo pueda, tal vez, cambiar.
- Mal no estaría, debo decir
- Salud por el fin del mundo entonces, esta vez hasta el fondo.
Dejamos sonar los vasos, y bebimos, sin sentirnos demasiado (o en absoluto) satisfechos por nuestro brindis. Pedí la cuenta a lo lejos y apoye mi cabeza en la ventana, mirando hacia fuera.
- cambiando de tema ¿que onda con esa mina tuya, la que anduvo hablando cosas de ti? – era como si supera lo que de verdad me molestaba.
- No es mi mina – respondí, sin apartar la vista de la ventana – afortunadamente, y es un tema del que no hablo, superado ya.
- ¿y la otra, la que conociste en el verano? – era pregunta fue un dedo en la llaga.
- De ella hablo aun menos, no preguntes.

Al llegar la cuenta contamos las monedas y descontamos de la propina lo necesario para volver a casa. Salimos del lugar un poco serios, un poco sonrientes, un poco mareados. El centro de Santiago fluía como siempre, ininterrumpido, cada traje y maletín con la vista fija hacia delante, como caballos de carreras esquivando obstáculos vivos, el con termo y el de terno corriendo a milímetros de tocarse. Nadie se detenía, nadie miraba sino hacia delante o hacia el suelo.
- Bueno, nos vemos – dije
- Hasta luego – respondió mi compañero.
El camino en dirección al centro y yo en dirección opuesta, observando la arquitectura que nadie parecía notar, los segundos pisos de locales de pollo asado, farmacias, librerías y licorerías. Una arquitectura impresionante que pasaba desapercibida entre los ángulos agudos de las miradas de la multitud. Baje la vista para observar a un ya conocido indigente, a un familiar y ruidoso trafico. Observé el ritmo de la ciudad como si lo viera por primera y última vez al mismo tiempo.
“No se puede cambiar al mundo”, pensé, dándome cuenta de que probablemente, a mi tampoco me importaba demasiado.

lunes, 17 de septiembre de 2007

track 7: HEARTATTACK IN A LAY BY (Porcupine Tree)


- ¿Nos estaremos complicando demasiado?
- No se. Pero no quiero responder una pregunta así.
- A veces temo que no vayamos a ningún lado, que lo que nos rodea nos gane la batalla.
- ¿Por qué me dices esto?
- No pienses mal, lo que pasa es que a veces se me pasa por la mente, es todo.
- Siento como si esto llevara a una conclusión que no quiero escuchar.
- Honestamente, no se que hacer.
- Yo tampoco, pero no quiero dejar esto. Es difícil, pero se puede seguir adelante
- Si, ¿pero por cuanto tiempo? ¿y cuanto esperarías?
- No se, no se, pero se puede…
- ¿ Y que tal si no se puede?
- ¿ Que quieres decirme?
- No se… no se que quiero decirte, no se que quiero… mentira, se lo que quiero, pero no se si es posible.
- No digas eso, por favor…

¿Saben que? Hay cosas que prefiero guardarme. Lo dejo hasta aquí.
En medio del momento sonaban guitarras que describían como se paraba un corazón. Y sinceramente, no estaba para escuchar esas cosas. Adelanté la cancion en mi reproductor.

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TRACK: WHAT HAVE YOU DONE (Within Temptation con Keith Caputo)


No me importan los vidrios rotos, ni los papeles tirados en el suelo, ni saber que cada vez que suena el teléfono es Andrea, llamándome preocupada. No contesto, no respondo, no me importa. No me importa que toquen mi puerta los vecinos para quejarse de que las guitarras suenan demasiado fuerte en los parlantes. No me importa nada.
Ya voy en el cigarro 19 de la cajetilla, y solo he usado mi encendedor una vez, como si fumar en cadena ayudara en algo, como si fuera una anestesia. Mi única opción siempre había sido sentirla lejos, pero ahora no la sentía en absoluto.
Nada parece tener demasiado sentido aparte del desorden en mi pieza.
Decido, finalmente, contestar la llamada de Andrea:
- ¡al fin! – exclama ella - ¿cómo estas?
No contesto.
- Ojala supiera decirte algo, algo que pudiera ayudarte, pero se que lo que pueda decir no te serviría de nada ahora.
- Tienes razón en eso – respondo con una voz apagada y endurecida por el tabaco.
- ¿quieres que vaya? – me pregunta con una voz que parece de miedo, pero en la que reconozco su preocupación. Me tomo mi tiempo antes de decirle que si, y corto el teléfono sin siquiera despedirme. Esta noche debería ser como las demas, soñandola. Pero ahora daría lo que fuera por no pensar en ella.